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Paseo por el amor y la muerte
Trovadores galego-portugueses y Jorge Manrique
El amor y la muerte, tan presentes y entrelazados así en la vida como en la poesía de todos los tiempos. No sólo en la lírica culta, sino también, y antes, en la lírica anónima del romancero y de la canción popular: “No hay amor sin pena, pena, sin dolor, ni dolor tan agudo como el del amor; dolor el de la muerte, muerte del amor”. El amor como exaltación de un vivir entusiasmado.. También de un sin vivir, un “vivo sin vivir en mí”. La muerte como amenaza latente, irremediable final.
La lírica de los primeros trovadores galaico-portugueses constituye el ejemplo más claro del amor como exaltación, del enamoramiento como estado supremo de felicidad, ardiente, al borde siempre de la pérdida o de la no correspondencia, del sufrimiento, pues. Un “amor cortés”, sublime, arrebatado, antesala de un jardín de las delicias que no hace explícito. El amor como celebración. En esa misma estela los versos de otros amadores, místicos como Santa Teresa y San Juan de la Cruz; enamorados de Dios, pero con los mismos síntomas y palabras.
Y enfrente, al lado, o a continuación, la poesía de Jorge Manrique. En que la vida, la belleza, los placeres, las “llamas de encendidos amadores” se sienten como pérdida antes incluso de su acontecer, dando lo no venido por pasado. Nostalgia, melancolía. Como señala José Jiménez Lozano, “ a Jorge Manrique le bastaron unas pocas estrofas de un solo poema para ganar fama imperecedera. También Garcilaso escribió muy poco, Fray Luis de León apenas una docena de poemas y de San Juan de la Cruz se recuerdan tres y hasta con uno bastaría. El paladar del lector de poesía estaba hecho al gusto exquisito y popular de los romances (….) No ya una lengua y una literatura sino toda una historia se justificarían sólo por el Romancero. Pero además, con Jorge Manrique, la poesía en español comienza a ser una empresa individual, al margen de los gustos de la corte y de las modas literarias. Inaugura la poesía como hecho individual, como expresión de sentimientos que sabemos a qué y a quién corresponden. La poesía no nace con él, pero él es nuestro primer lírico puro.”
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