ROSAS A ROSALÍA - Re-edición

Rosas a Rosalía quiere ser un homenaje a Rosalía de Castro,  cuya obra poética me produce una admiración reiterada y creciente. Al presentar este disco, lo primero que quiero expresar es mi agradecimiento a las amigas actrices y cantantes que, con tanto talento como generosidad, me han regalado sus voces para tejer esta guirnalda sonora. Su compañía ha sido un regalo y un lujo que me apresuro a compartir. Mi gratitud también a la Orquesta Real Filharmonía y a su director, Maximino Zumalave,  así como a la Xunta de Galicia, cuyo apoyo institucional fue fundamental para llevar a cabo este proyecto.

Rosas a Rosalía es un álbum de canciones y poemas con una sola imagen, para que todas las voces y sonidos confluyan en el rostro de Rosalía, cuyo poemario contiene a su vez una pluralidad de rosas y de sombras. Reflejar esa variedad es lo que he pretendido al contar y cantar con artistas de estilos y timbres distintos. Pues la poesía, que nace en el poeta, es como un río –el poeta, un manantial– que crece, se prolonga y se alimenta con el coro de gentes que la dicen o la cantan. Rosalía de Castro es poeta que ha tenido la suerte de trascenderse a sí misma, "anque en verdade, ¿qué lle pasará a ún que non sea como se pasase en todol-os demáis?": ella ha expresado el alma de un pueblo y la gente ha hecho suya su poesía,  igual  que Rosalía, a su vez, había hecho suyos versos de coplas populares al tomarlos como motivo de inspiración y punto de partida. Un proceso de influencia recíproca, hacia el feliz anonimato,  semejante al que, hasta hace poco tiempo, determinaba la música y la canción popular.

Rosas a Rosalía contiene todo mi repertorio rosaliano más la inspirada canción de Juan Montes, Negra sombra, que ya es un clásico popular. Hace años, en 1975, le dediqué un disco de doce canciones, con el acompañamiento de mi guitarra y el violonchelo de Eduardo Gattinoni. Un disco que sigue vivo, felizmente. Un año antes, en mi primer disco, Vida e morte, grabado en Paris, ya había incluido dos canciones con letra suya: Cómo chove miudiño y Un repoludo gaiteiro. Canciones compuestas antes de cumplir los veinte años. Porque empecé a leer y a emocionarme con los poemas de Rosalía cuando apenas tenía diecisiete años: estaba  estudiando en Valladolid y allí  en Castilla sentí por primera vez el apego a mi tierra natal, la morriña del Bierzo, la nostalgia del  aire, airiños, aires..., a través de sus versos. Casi sin darme cuenta comencé a oír dentro de mí la música de aquellos versos y a cantarlos. Era como abrir el pecho y desahogarse. Ni siquiera pretendía entonces componer una canción: simplemente iba  susurrando aquellos versos al dictado de su ritmo y de su   música interior,  con el viento que me llevaba... Y así nacieron  las  primeras canciones, Cómo chove miudiño, Un repoludo gaiteiro, Pra Habana...  Sí, Pra Habana  es también de aquella primera época, porque recuerdo que en el verano del 69 acudí al "Festival de la Juventud" de Alar del Rey (Palencia) y la canté, acompañándome con una guitarra que me prestaron. Ante mi sorpresa, me dieron el primer premio y un dinero con el que pude comprar mi primera  guitarra. Aquella guitarra fue la llave del otoño que me llevó a París.  Allí continué leyendo y rondando a Rosalía, al margen de otros estudios y quereres. Reparé en otros poemas de su libro Follas en los cuales Rosalía se expresaba como un poeta romántico, do íntimo, sin precisión geográfica; poemas impregnados también, me parecía a mí, de cierto aire y dolor existencial, sobre todo en su último libro, En las orillas del Sar.  El estudio y la afición de aquellos años parisinos dieron como fruto el disco grabado en 1975. Después, con el tiempo, de aquel tallo brotaron nuevas rosas. Porque nunca he dejado de cantar a Rosalía. Su repertorio me acompaña siempre; no hay concierto en que no cante alguna canción suya. Y que así sea por muchos años. Ojalá.

Amancio Prada

VIDA E MORTE - Re-edición

Vida e Morte se grabó en noviembre de 1973, en los estudios Sofreson de París. Era mi primer disco. Estaba muy nervioso. La grabación se hizo gracias a la fe y  entusiasmo del matrimonio de Mme. y Mr. Lévi Alvarès, propietarios de una pequeña compañía discográfica, La Boîte à Musique,  situada en el Boulevard Raspail, también tienda de discos, con un catálogo impresionante de músicas étnicas de todo el mundo. Ya no me acuerdo bien cómo entramos en contacto. Creo que la señora Alvarés me vio cantar en el programa Libre Parcours Variétés, que Radio France grababa en directo en el Teatro de la Gaîté-Montparnasse, producido y presentado por Eve Griliquez, la Grigrí, como la llamaba cariñosamente Paco Ibáñez, mujer a quien le debemos  los primeros apoyos tantos artistas jóvenes y extranjeros que llegábamos a París…  O tal vez fuera en otro similar, Libre Parcours Récital, producido por Françoise Vincent-Malettra.  El caso es que a los señores Alvarès les gustó mi forma de cantar y enseguida me propusieron grabar un disco, con el repertorio que yo quisiera y tal como me habían escuchado en directo, o sea, con mi guitarra y un violonchelo. Sin más.  Y es que, un año antes, mi amiga parisina Claudine Ducos me había presentado al violonchelista argentino Eduardo Gattinoni, justo cuando estaba buscando un chelo o un contrabajo para acompañarme durante las tres semanas en que sería  telonero de Georges Brassens, en el Teatro Bobinó, en el mes de diciembre de 1972. Aquella conjunción de guitarra y violonchelo marcaría felizmente mi trayectoria musical, como único acompañamiento durante unos cuantos años. Pero en el otoño de 1973, cuando me propusieron grabar el disco, Gattinoni no estaba ya en París,  se había ido a trabajar una temporada con una orquesta en Holanda. Hablé con él para que viniera y reservamos el estudio de grabación un par de días.

Aquel primer intento se frustró porque Gattinoni a última hora no pudo acudir. Tuvimos que suspender la grabación, con el trastorno correspondiente para todos. Bueno, se cancelaron las fechas previstas y se fijaron otras dos, un lunes  y martes. El fin de semana anterior al nuevo lunes crucial, decidí pasarlo en el campo, en la casa familiar de Claudine Ducos, en medio de un bosque, dando paseos para relajarme y coger aire… Lo que que cogí fue un buen catarro. Pero, ¿cómo iba a suspender otra vez la grabación? No me atrevía, temiendo que no me dieran otra oportunidad. Cuando llegamos al estudio, advertí de mi catarro al técnico y a Lévi Alvarès, que, como productor, estaba a su lado en la mesa de grabación… No te preocupes, me dijeron, pondremos un filtro anticatarro... Lo pusieron, pero notar se notaba. Y se nota, ésa es la verdad. En un par de sesiones grabamos las doce canciones previstas, seis en gallego y otras seis en castellano. Después me citaron con una joven fotógrafa, Claude Vaujany, quien me hizo en su casa unas cuantas fotos. Luego, ella misma escribió a mano el título y mi nombre en rojo sobre la foto seleccionada. La portada estaba hecha. La contraportada era igual, sólo que en negativo: Vida e Morte. El disco vio la luz y yo estaba feliz. Me parecía un milagro. Me sentía alguien, ya podía presentarme orgulloso ante mis padres, ante los amigos, mostrando el fruto musical de mi estancia parisina… Meses después, con el disco bajo el brazo, regresé a España para quedarme donde sentía que estaban las raíces y las alas de mi canto.

El disco lo editó en España Hispavox, al año siguiente, pero sin la canción Monorrimo, que no pasó la censura ¡Qué cosas! El disco tuvo cierta repercusión, sobre todo en Galicia, y se mantuvo en catálogo hasta mediados de los ochenta. Cuando los vinilos se empezaron a pasar al nuevo soporte digital, Vida e Morte no tuvo esa suerte, se agotó y se descatalogó. Durante años y con reiterada frecuencia siempre ha habido alguien que decía echar en falta ese trabajo, pidiendo su reedición… Se hace ahora por fin, gracias al apoyo y a la hospitalidad de la Factoría Autor. Se lo agradezco. No sin alguna duda: ¿no sería mejor volver a grabar las mismas canciones, con la misma instrumentación, pero tal como ahora las siento y con los medios técnicos actuales? Porque son canciones que no he dejado de cantar… ¿O editamos la grabación original, tal cual?. Al final opté por dar prioridad al documento “histórico”, a su posible valor testimonial y... confiando en vuestra benevolencia.

Muchas veces me han preguntado por mi evolución artística desde aquellos años, en qué y cómo he ido cambiando… No estoy seguro, pero me parece que cuando alguien hace algo por vocación, de forma natural, digamos, cuando canta como respira y el canto se nutre de la poesía que siente como savia interior…, eso es así para siempre, eso no cambia, uno es así, como un árbol que dará manzanas o cerezas, según, pero ya de por vida. En ese sentido creo que Vida e Morte es un disco fundacional, que tiene una importancia reveladora, es la semilla que contiene todo lo que vendría después. Porque a ver: está reflejada mi condición de cantor bilingüe, en gallego y castellano, ambas lenguas familiares; soy autor de la música de las canciones; canto también algún poema propio, uno en gallego y otro en castellano, aunque la mayoría son poemas ajenos, pero que pienso y siento como propios, claro, si no, no los cantaría; y lo hago con ese acompañamiento sobrio de guitarra y violonchelo que seguirá siendo el común denominador de toda la producción discográfica posterior. Hablo de cualidades, no de virtudes ni defectos.

Una de las primeras críticas que aparecieron cuando salió el disco en Francia la firmó Moncho Alpuente en el Diario Informaciones, en el mes de marzo de 1974. Vale la pena, creo, reproducirla, junto a la de Àlvaro Feito, que saludaba en la Revista Triunfo la aparición del disco en España, ahora que se reedita, tantos años después, al hilo de lo soñado, al canto de lo vivido.

Amancio Prada, mayo 2008

VIDA DE ARTISTA - Ya a la venta

Para ver el video acerca del disco pincha aquí

Este disco es una pequeña ventana por la que asomarse a la obra inmensa de Léo Ferré, la estrella más rebelde del firmamento de la canción francesa, cuya andadura seguí con admiración, aunque de lejos,  durante los años que viví en Francia. Sin haber conocido hasta ahora a fondo su obra, con cuánta emoción y cuántas veces  recuerdo haber oído “Avec le temps”, una de esas canciones que justifica la vida de un artista. Poeta y cantor de poetas, Léo Ferré fue siempre para mí un astro distinto, desconcertante, enorme, lejano… Pero, tiempo al tiempo. Las deudas con la admiración terminan siempre por cumplirse.

Este disco que tienes en las manos es una idea original de Norbert Kalfon, a quien agradeceré siempre que pensara en mí para llevarla a cabo. Cuando me mostró el material original de las canciones previstas, me pareció un proyecto tan atractivo como lleno de dificultades. La mayor, entre todas, guardaba relación con la letra. Los textos originales de las canciones eran excelentes, desde luego, pero ¿cómo traducirlos al español sin que perdieran la intensidad de su belleza poética, y que además pudieran ser cantadas sin alterar su melodía original? La verdad, me parecía, una tarea casi imposible. Pero Norbert insistía. Y la insistencia artística siempre, también, llama a la puerta de la imaginación. Consulté el repertorio de traducciones que circulan sobre la obra de Ferré, excesivamente literales unas, incantables en castellano la mayoría. Si ya es difícil traducir un poema, aún es mayor el desafío si se trata de la letra de una canción, acoplar sus acentos, mantener las rimas... Entonces opté por hacer una versión, más que una traducción, una lectura personal, pero dialogante e implicada con el espíritu que anima todo el trabajo de Ferré. No me importaría alejarme del pie de la letra, siempre que respetara el sentido esencial, tratando de conservar el ritmo y la visión cómplice de su amigable cabeza. Me tomaba así la libertad de escoger  otras referencias, otras imágenes y  otro contexto. Yo en él, y en él, conmigo. Cada nueva canción que así resultara debería tener valor y gracia por si misma, sin la necesidad del aval de un autor consagrado, ni la disculpa menor de no alcanzar el milagro por provenir de otra lengua.  Entre pitos y flautas, estuve entretenido un año en ese ejercicio, tanto de desdoblamiento como de identificación, con mi otro, con mi respetado Ferré.

No pocas veces acudí a mi amigo y poeta Juan Carlos Mestre para que con su candil me ayudara a alumbrar algún recodo del camino… Y acudí también a Agustín García Calvo para pedirle que se ocupara él de la “Canción de Otoño” de Verlaine, pues era  cuestión de Inter pares. Y se las ingenió muy bien, como era de esperar. Por otro lado, Lola la Titiritera, me animaba, como siempre, y me señaló alguna canción que no estaba en la lista inicial. En fin, tal ha sido el empeño, y aquí está el resultado de la pasión y la búsqueda. En cualquier caso, he disfrutado haciendo este trabajo, que me ha servido para conocer definitivamente a un poeta y cantante extraordinario, para reconocer en él a un verdadero maestro. Cuando se compara la obra y la trayectoria de artistas como Léo Ferré con la cantinela de tanta pajarería como nos rodea, la miseria actual hiere al oído y las entendederas. La suya, desde luego, es otra historia, otra memoria, otro mar.

Agradecimientos: cantar con Agnès Jaoui ha sido un regalo precioso; apareció como por encanto, sin esperarla, por puro entusiasmo, con total generosidad. José Luis Ordóñez, “Josete”, sin darse importancia, me fue poniendo en bandeja cada tema, estimulando el canto con su guitarra flamenca y sus arreglos. A todos los músicos que aquí suenan: Cuco Pérez, evocando cantinas y ríos con su acordeón;  Pablo Martín, trenzando y marcando percusiones; Carlos Ibañez, fundamental al contrabajo; Eva Durán, con el pellizco y quejío de su garganta, y Chano Domínguez, que saca sonidos negros hasta de las teclas blancas. A los hermanos Pedro y Pablo Baselga, de Infinity, responsables de casi toda la grabación e implicados emocionalmente en el proyecto. Fernando Deleyto, riguroso en la grabación y mezclas, atento hasta la edición final. Un equipo excelente, sí señor. Así da gusto trabajar. Ojalá que el gusto también sea vuestro al escucharlo, amigos. Salud.

Amancio Prada.-

Para más información Fundación Autor.
Tlf:915505723. fortega@sgae.es

Para más información sobre la obra de Léo Ferré: www.leo-ferre.com


CONCIERTO DE AMOR VIVO - Ya a la venta

Mil gracias derramando la luz de aquel atardecer de junio inundaba la iglesia de Los Jerónimos, y todos en aquel espacio de sonora claridad donde reinaba el silencio, al margen de los ruidos de la ciudad, éramos este amor vivo que tienes ahora en tus manos.

Llegaron con presura las niñas y niños de la Escolanía de Segovia para arropar con la blancura de su voz la gravedad de  los violonchelos. Era la respuesta de las criaturas, y el Cántico de San Juan de la Cruz me abría, una vez más, las puertas de lo sagrado, el lugar donde la creencia es el arte de lo bello.

José Luis Rodríguez, director de Nueva Economía Fórum, conocía mi deseo de cantar en Los Jerónimos y me invitó a  hacerlo para conmemorar el V aniversario de su Fundación. Le reitero mi agradecimiento al contemplar ahora este disco, fruto y ventura de aquel concierto.

Esta grabación es un ejemplo y celebración de tantos y tantos recitales como venimos dando con las Canciones del alma de Juan de Yepes (Fontiveros, 1542 – Úbeda, 1591). Y al arrimo de San Juan, como suelo hacer en cada recital, canto aquí también algún poema de Rosalía de Castro, de Agustín García Calvo y esa joya del Romancero que es el Romance del Conde Arnaldos.

Grabamos el sonido, no  la luz. Confío en que la luz brotará de la poesía, la música que revivirá dentro de ti, el que conmigo va, al escuchar ahora aquel dorado atardecer en Los Jerónimos.

Amancio Prada.-

Avances


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Rosas a Rosalía
2008

Vida e morte
2008


2007


2007


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Nota: edición fuera de circuito comercial, si está interesado contacte con Camaina


 


2005
(
AGOTADO)


2005

Más información sobre este disco
2005

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2004

Canciones del Alma, (El Europeo-Karonte, 2002)
2002

 

Discografía

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